martes, 5 de mayo de 2009

El exámen de tu vida

Aun recuerdo, de manera frágil, aquella temprana vez cuando me dispuse a realizar mi primer exámen importante. Tendría yo unos 9 años, y la materia no era otra, que la de mi propia y corta vida, analizar mis actos y mis comportamientos en el pequeño camino que había recorrido en aquél humilde pueblo donde se cruzan los caminos y abundan los cortijos blancos. Estudié mucho para aquél "exámen de conciencia", tanto, que en muchos aspectos, creo que conseguí aprobar, en ese tiempo, superé con creces el pasar la pelota para no marcar siempre los goles en aquellos bancos que utilizábamos como porterias, corregí el quitarle el balón a los más pequeños en ese paseo pedregroso cuya fuente leonera imitaba a la mitica cibeles. Al final, resultó que aprobé el examen de mi vida, el exámen de mis nueve años, y es que, como todo jóven, se tiene un grato recuerdo de alguna etapa de la infancia. Yo la recuerdo como la mas viva de toda mi existencia, que es más bien corta. Y porque cuento este pequeño pasaje de mi inocente infancia, simplemente para que veamos como los exámenes, son frecuentes en nosotros desde pequeñitos, no solo estudiamos libros para aprobar el colegio, no sólo estudiamos la tabla de 8 ni la fotosíntesis. También dede críos estudiamos nuestra persona, nuestra identidad para crecer, claro está, desde un punto muy simple y superficial, pues somos conscientes de poco, pero es un paso para identificarnos con una esencia y seguirla sin parar. Pero pasan los años, y junto a ellos, los exámenes son mas frecuentes, mas difíciles, requieren mas tiempo, la materia es mas gruesa.  Hay muchos tipos de exámenes en la vida, aquellos que sirven para aprobar una materia, una carrera, es decir, aquellos exámenes que nos conducen a una salida laboral, intentamos que sea la que mas nos llama, pero no siempre caemos en tal suerte. Hay exámenes que sirven, para obtener cosas útiles, como el carnet del coche, el de socorrista, etc. Si nos paramos a pensar, hoy en dia, para todo hay que hacer un exámen, para cualquier cosa, te piden un curriculum, una formación, unos conocimientos básicos, para todo lo "importante" nos ponen a prueba para ver si damos la talla, si estamos a la altura de la situación, ya sea el último exámen de carrera, de oposicion o si estás preparado para formar parte de un equipo de fútbol, ya sea vulgar o grandioso. Para todo, hemos de estar prepados, y si no lo estamos, existen por ahí unas personas que se hacen llamar preparadores, que te ayudan a que estés al nivel que se requiere dependiendo de la situacion, ya sea físico, mental, superficial... Pero, parecer ser, que alguien, se dejó atrás temas de vital importancia, para los que hay que estar a la altura, para los que realmente hay que poner travas, para los que se requiere un nivel de conciencia profundo y evidente.  Y pensaréis que cosa nos hemos dejado atrás, que materia no es evaluable hoy en día, que trabajo no ha sido inspeccionado coherentemente. Para todo existe un exámen.  Pero, donde queda el exámen de la paternidad, donde queda el preparador fisico, mental... de aquellas personas que de manera superficial tienen un hijo y se despreocupan totalmente de él? ¿Acaso no es de vital importancia el tener un hijo? ¿Dónde queda el exámen a esas personas, que no pueden, ni quieren tener un hijo, pero que por actitudes incoherentes se ven en esa situación? Viendo lo que veo cada día, personalmente, los exámenes de la vida, son aquellos que no son cuestionados por nadie, ni evaluados, los apuntes son fotocopias de la conciencia humana propia de la sociedad, lo triste, es que la gente tiene rota la fotocopiadora.

2 comentarios:

pilar dijo...

Eso no lo podemos cambiar y tú lo sabes, exámenes tenemos en la vida tantos que ni nos damos cuenta. Yo pienso igual ¿dónde está esa gente que tanto te ha querido? Tendríamos que tener un sensor que permitiese ese milagro solo a personas que de verdad sientan esa vocación. Para que te den por detrás solo hay que estar, no hay personas con corazón, lo que tienen es una patata pegada al pecho, que es mucho decir y lo peor es que ello no piden venir. Un beso para ti y esos que van contigo.

pilar dijo...
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