Esperando lentamente a que todo caiga por su propio peso, sediento de ti, abordo la confusión que en mi alma se desata, un temblor del corazón que hace tambalear hasta los cimientos mas resistentes de mi vida, pero así es ésta, unas veces tan inoportuna, otras tan injusta y otras muchas maravillosa.
Herido por el eco de unas palabras, me dispongo a coger mi atillo, en estos últimos meses tu has sido mi destino, ahora que huíste, a donde marchar, a quien abrazar... a quien amar?
La toalla de mi sudor, ya no es más que un trapo inservible donde poder reflejar la lucha continua contra la vida, contra las complicaciones, contra las adversidades, contra todo.
Ahora más que nunca, al levantarme, evadiré mi vida en alguna que otra cosa que no valga la pena, para distraer esta injusta pero real partida.
Y es que, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Siempre a tu lado.
miércoles, 20 de octubre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Paseando por el parque en busca de un rayo de luz
Es tragico ver como todo aquello a lo que le has dedicado gran parte de tu tiempo poco a poco se va desmoronando. Las cosas a veces no son lo que parecen, y por más que intentas ponerle esa fiel confianza, es cuando te das cuenta que la vida te golpea una vez más.
Hoy, sentí ese golpeo voraz adueñándose de una parte de mí, repudio la sensación de crear en mí ese sentimiento ingenuo, que todos alguna vez hemos tenido, que no es otro que caminar con la cabeza entre la sombra y el dolor.
Intento darle vuelta, el humo del cigarro me consume, el parque se queda corto, busco pero no encuentro, me siento impotente, como es posible, camino sin saber a donde ir, la busco en cada esquina, es cada mirada que se cruza, me niego a la idea de ser tan minucioso en ese mundo que tanto amo, de ser tan caleidoscopico bajo ese cariño fugaz que se mantiene intacto, le sigo dando vueltas, otro cigarro más, tras cada exhalación interna, miro al cielo en busco de una respuesta, pero no la consigo, mi esfuero es en vano, cuantos kilómetros recorridos, cuantas noches soñadas, cuantos días con sus minutos y sus horas de espera eterna, pero no consigo entenderlo.
Donde está el error, seré hoy, ese naufrago perdido, o ese humano huérfano de sensatez, seré de nuevo un pobre insensato lastimado por la indeferencia del sentimiento que yo mismo construí.
No sé lo fuí un día, ni se lo que seré mañana, pero sí sé lo que quiero ser hoy, hoy quiero ser vida, pero no una vida cualquiera, quiero ser tu vida, aquella que un día te golpeó sin apenas esperarlo y mucho menos merecerlo, quiero ser esa vida detallada e intrepida, esa vida fiel alejada del mal pensamiento, quiero ser esa vida llena de confianza, quiero ser esa vida que cierre las heridas del pasado, y te haga vivir las alegrías del presente.
Hoy, sentí ese golpeo voraz adueñándose de una parte de mí, repudio la sensación de crear en mí ese sentimiento ingenuo, que todos alguna vez hemos tenido, que no es otro que caminar con la cabeza entre la sombra y el dolor.
Intento darle vuelta, el humo del cigarro me consume, el parque se queda corto, busco pero no encuentro, me siento impotente, como es posible, camino sin saber a donde ir, la busco en cada esquina, es cada mirada que se cruza, me niego a la idea de ser tan minucioso en ese mundo que tanto amo, de ser tan caleidoscopico bajo ese cariño fugaz que se mantiene intacto, le sigo dando vueltas, otro cigarro más, tras cada exhalación interna, miro al cielo en busco de una respuesta, pero no la consigo, mi esfuero es en vano, cuantos kilómetros recorridos, cuantas noches soñadas, cuantos días con sus minutos y sus horas de espera eterna, pero no consigo entenderlo.
Donde está el error, seré hoy, ese naufrago perdido, o ese humano huérfano de sensatez, seré de nuevo un pobre insensato lastimado por la indeferencia del sentimiento que yo mismo construí.
No sé lo fuí un día, ni se lo que seré mañana, pero sí sé lo que quiero ser hoy, hoy quiero ser vida, pero no una vida cualquiera, quiero ser tu vida, aquella que un día te golpeó sin apenas esperarlo y mucho menos merecerlo, quiero ser esa vida detallada e intrepida, esa vida fiel alejada del mal pensamiento, quiero ser esa vida llena de confianza, quiero ser esa vida que cierre las heridas del pasado, y te haga vivir las alegrías del presente.
lunes, 20 de septiembre de 2010
ESPERANZAS
En este hermético mundo en el que nos sentimos atrapados, más allá de las incongruencias humanas y alejados de la tediosa rutina que acapara cada despertar, he de decir, si me lo permitís, que siento una gran devoción, por esa sencillez eterna que se adueña efimeramente de mi vida, y que no es otra, que ese dogma esperanzados que suscita aliento en la debilidad.
miércoles, 16 de junio de 2010
Bajo las estrellas
Recuerdo cuando era pequeño y me abatía ese miedo de asomarme al pasillo de aquella humilde morada, y ver el oscuro infinito que envolvía el pasillo de la casa que me vio hundir raices.
Ahora, bajo la luz tenue de las estrellas que inundan mi cielo, lejos de mi casa, de nuevo el miedo, se vuelve a adueñar de una pequeña parte de mí. Es extraño, esta casa enorme en la que ahora resido, está oscura, sólo brillan las estrellas que con el fulgor de su intensa luz, intentan dar vida a los patios, pero aún así, tengo miedo, vuelvo a la ignorancia de mi niñez, quedo atrapado en esta constelación intrépida de dudas, de inquietud, de incertidumbre.
No hay nada claro, busco una sola ventaja, encuentro demasiadas, me acaricio sutilmente, e intento alejar de mí, cualquier tipo de apatía que haga perecer el débil reflejo incensante de esta luz fugaz que me abriga.
Todos alguna vez, fuímos cobardes, cobardes atados por una causa justa, atrás ya quedó ese pasado que a veces te golpea y otras te susurra, atrás, ya queda aquél pasillo oscuro, ahora, es hora de encontrar el interruptor de cielo, para encender, en la noche mas fría, un océano de estrellas, que haga desaparecer el tumulto del alma.
Ahora, bajo la luz tenue de las estrellas que inundan mi cielo, lejos de mi casa, de nuevo el miedo, se vuelve a adueñar de una pequeña parte de mí. Es extraño, esta casa enorme en la que ahora resido, está oscura, sólo brillan las estrellas que con el fulgor de su intensa luz, intentan dar vida a los patios, pero aún así, tengo miedo, vuelvo a la ignorancia de mi niñez, quedo atrapado en esta constelación intrépida de dudas, de inquietud, de incertidumbre.
No hay nada claro, busco una sola ventaja, encuentro demasiadas, me acaricio sutilmente, e intento alejar de mí, cualquier tipo de apatía que haga perecer el débil reflejo incensante de esta luz fugaz que me abriga.
Todos alguna vez, fuímos cobardes, cobardes atados por una causa justa, atrás ya quedó ese pasado que a veces te golpea y otras te susurra, atrás, ya queda aquél pasillo oscuro, ahora, es hora de encontrar el interruptor de cielo, para encender, en la noche mas fría, un océano de estrellas, que haga desaparecer el tumulto del alma.
lunes, 7 de junio de 2010
Confesiones de un trovador suicida
He de confesar que me calma escuchar el bramido de las olas pereciendo en su frontera arenosa. He de confesar que me encantan caminar entre la gente sin hacer ruido, esquivando sus vidas, y rozando la mirada. He de confesar que me encanta la soledad, cuando no hay problemas en los que pensar. Confieso, que admiro a muchas personas que pasan por mi vida con honestidad desapercibida. Te confieso, una vez más, que nunca he dejado de ser el que soy.
He de confesar tantas cosas, pero hoy, con el golpeo débil del aire que envuelve a Córdoba, sólo me atrevo a confesar una sola, y es que, sueño con ese paseo que dimos por el puerto, para desembocar sentados junto a esa simple barandilla con vistas al mar, un faro intacto, enviandonos mensajes fugazes que no hacían apartar la mirada de ti. Lo confieso, te confieso, lo asumo, sí, fuí yo, en un papel rosa, tras aquella caja, era mi letra, no la mejor, pero si la de aquel momento frenetico, mientras tú, te envolvías en un aroma púrpura, que minutos después me envolvería en un sueño inquieto. Lo sé, es imparable, ¿que puedo hacer? las cosas a veces, son como son, ni mejor ni peor, no cambiaría nada, nada puede perder su magia, ni un chicle en la cabeza, ni un anochecer cerca de tí... lo confieso de nuevo, por momentos, estóy perdido, evadido en un mar de dudas, cobarde, sin quererlo admitir, sin apenas pensarlo, sin apenas vivirlo, como dije, no puede ser bueno, porque sería demasiado bueno, y no me conformaría con algo mediocre, y es que, no sé que tipo de encanto se adueña de tí, y que es un imán, al que estoy atrapado, que me da miedo pensarlo, que no quiero escribirlo, que no quiero ni sentirlo. Por lo que pueda pasar, por el desgarro agotador que eso pudiera suponer, pero confieso, una vez más, si me lo permitís, que merece la pena, pero has de ayudarme, has de contemplarme, y ahora más que nunca, has de esperarme.
No me lo preguntes, ya me conoces, no lo controlo, lleva mucho tiempo dormido, y ahora derepente, sin apenas esperarlo y mucho menos merecerlo, tuvo que desnudarse como en antaño, sí, ya no somo niños, ahora, hay que saber elegir, pero, esta vez, no quiero elegir, quiero saborear cada momento, volver a ser niño, y apostar por esa ilusión que sembramos, y en la que tanto tú y yo hemos creido.
Mientras tanto, seguiré soñando, de manera explícita, que siempre acabamos llegando a donde nos esperan.
He de confesar tantas cosas, pero hoy, con el golpeo débil del aire que envuelve a Córdoba, sólo me atrevo a confesar una sola, y es que, sueño con ese paseo que dimos por el puerto, para desembocar sentados junto a esa simple barandilla con vistas al mar, un faro intacto, enviandonos mensajes fugazes que no hacían apartar la mirada de ti. Lo confieso, te confieso, lo asumo, sí, fuí yo, en un papel rosa, tras aquella caja, era mi letra, no la mejor, pero si la de aquel momento frenetico, mientras tú, te envolvías en un aroma púrpura, que minutos después me envolvería en un sueño inquieto. Lo sé, es imparable, ¿que puedo hacer? las cosas a veces, son como son, ni mejor ni peor, no cambiaría nada, nada puede perder su magia, ni un chicle en la cabeza, ni un anochecer cerca de tí... lo confieso de nuevo, por momentos, estóy perdido, evadido en un mar de dudas, cobarde, sin quererlo admitir, sin apenas pensarlo, sin apenas vivirlo, como dije, no puede ser bueno, porque sería demasiado bueno, y no me conformaría con algo mediocre, y es que, no sé que tipo de encanto se adueña de tí, y que es un imán, al que estoy atrapado, que me da miedo pensarlo, que no quiero escribirlo, que no quiero ni sentirlo. Por lo que pueda pasar, por el desgarro agotador que eso pudiera suponer, pero confieso, una vez más, si me lo permitís, que merece la pena, pero has de ayudarme, has de contemplarme, y ahora más que nunca, has de esperarme.
No me lo preguntes, ya me conoces, no lo controlo, lleva mucho tiempo dormido, y ahora derepente, sin apenas esperarlo y mucho menos merecerlo, tuvo que desnudarse como en antaño, sí, ya no somo niños, ahora, hay que saber elegir, pero, esta vez, no quiero elegir, quiero saborear cada momento, volver a ser niño, y apostar por esa ilusión que sembramos, y en la que tanto tú y yo hemos creido.
Mientras tanto, seguiré soñando, de manera explícita, que siempre acabamos llegando a donde nos esperan.
lunes, 31 de mayo de 2010
SENTIR

Hoy, tenía pensado escribir, algo hermoso, pero a veces las cosas no salen como uno quieren.
Mientras tanto, me conformo, con hacer pompas de jabón y soñar vivir atrapados dentro de ellas, hasta que las cosas sean como han de ser.
Que no existen mundos paralelos, pero sí existen vidas paralelas, cuantas gilipolleces más hay que hacer, para que confies en mí.
Te invito a desaparecer un ratito del mundo...
lunes, 10 de mayo de 2010
A don Ventura, un ejemplo de santidad
Cuenta el poeta dramaturgo alemán Bertolt Brecht, que los hombres que luchan toda la vida, son los imprescindibles. Permitánme hoy, que en este minucioso espacio polar, les hable de un Hombre, de esos que hay pocos en la vida, y de esos que al recordarlos, una sonrisa complice inunda nuestra expresión. ÉL, es un hombre grande, desgastado por el tiempo, pero lleno de vida en sus palabras, sabio en sus movimientos, y afable en su cercanía. Les hablo de una persona sencilla en su caminar, humilde en su mirada, y sútil en el trato con los demás. Pretende cuidar los detalles mas insignificantes, para ganarse el corazón de todo lo que le rodea, es un ejemplo de vida desapercibida, un hombre eficaz en su anónimato. Se basta de su parroquia, de sus pájaros, de sus paseos. Llama a las personas por su nombre, y las acaricia con su desnuda esencia modesta. Su paso es lento, saboreando cada pisada, como si fuera la última, apreciando el valor de la vida que se le ha otorgado, una vida, dedicada a los demás, y a todo aquél que busque en él una palabra alentadora, un ejemplo de vida serana y paciente, una huella timida, que no pretende tapar, sino hacer brillar, en este mundo ardoroso, hasta el mas minucioso detalle, con su sencillez salesiana.
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