miércoles, 16 de junio de 2010

Bajo las estrellas

Recuerdo cuando era pequeño y me abatía ese miedo de asomarme al pasillo de aquella humilde morada, y ver el oscuro infinito que envolvía el pasillo de la casa que me vio hundir raices.


Ahora, bajo la luz tenue de las estrellas que inundan mi cielo, lejos de mi casa, de nuevo el miedo, se vuelve a adueñar de una pequeña parte de mí. Es extraño, esta casa enorme en la que ahora resido, está oscura, sólo brillan las estrellas que con el fulgor de su intensa luz, intentan dar vida a los patios, pero aún así, tengo miedo, vuelvo a la ignorancia de mi niñez, quedo atrapado en esta constelación intrépida de dudas, de inquietud, de incertidumbre.

No hay nada claro, busco una sola ventaja, encuentro demasiadas, me acaricio sutilmente, e intento alejar de mí, cualquier tipo de apatía que haga perecer el débil reflejo incensante de esta luz fugaz que me abriga.

Todos alguna vez, fuímos cobardes, cobardes atados por una causa justa, atrás ya quedó ese pasado que a veces te golpea y otras te susurra, atrás, ya queda aquél pasillo oscuro, ahora, es hora de encontrar el interruptor de cielo, para encender, en la noche mas fría, un océano de estrellas, que haga desaparecer el tumulto del alma.

lunes, 7 de junio de 2010

Confesiones de un trovador suicida

He de confesar que me calma escuchar el bramido de las olas pereciendo en su frontera arenosa. He de confesar que me encantan caminar entre la gente sin hacer ruido, esquivando sus vidas, y rozando la mirada. He de confesar que me encanta la soledad, cuando no hay problemas en los que pensar. Confieso, que admiro a muchas personas que pasan por mi vida con honestidad desapercibida. Te confieso, una vez más, que nunca he dejado de ser el que soy.

He de confesar tantas cosas, pero hoy, con el golpeo débil del aire que envuelve a Córdoba, sólo me atrevo a confesar una sola, y es que, sueño con ese paseo que dimos por el puerto, para desembocar sentados junto a esa simple barandilla con vistas al mar, un faro intacto, enviandonos mensajes fugazes que no hacían apartar la mirada de ti. Lo confieso, te confieso, lo asumo, sí, fuí yo, en un papel rosa, tras aquella caja, era mi letra, no la mejor, pero si la de aquel momento frenetico, mientras tú, te envolvías en un aroma púrpura, que minutos después me envolvería en un sueño inquieto. Lo sé, es imparable, ¿que puedo hacer? las cosas a veces, son como son, ni mejor ni peor, no cambiaría nada, nada puede perder su magia, ni un chicle en la cabeza, ni un anochecer cerca de tí... lo confieso de nuevo, por momentos, estóy perdido, evadido en un mar de dudas, cobarde, sin quererlo admitir, sin apenas pensarlo, sin apenas vivirlo, como dije, no puede ser bueno, porque sería demasiado bueno, y no me conformaría con algo mediocre, y es que, no sé que tipo de encanto se adueña de tí, y que es un imán, al que estoy atrapado, que me da miedo pensarlo, que no quiero escribirlo, que no quiero ni sentirlo. Por lo que pueda pasar, por el desgarro agotador que eso pudiera suponer, pero confieso, una vez más, si me lo permitís, que merece la pena, pero has de ayudarme, has de contemplarme, y ahora más que nunca, has de esperarme.

No me lo preguntes, ya me conoces, no lo controlo, lleva mucho tiempo dormido, y ahora derepente, sin apenas esperarlo y mucho menos merecerlo, tuvo que desnudarse como en antaño, sí, ya no somo niños, ahora, hay que saber elegir, pero, esta vez, no quiero elegir, quiero saborear cada momento, volver a ser niño, y apostar por esa ilusión que sembramos, y en la que tanto tú y yo hemos creido.

Mientras tanto, seguiré soñando, de manera explícita, que siempre acabamos llegando a donde nos esperan.

lunes, 31 de mayo de 2010

SENTIR


Hoy, tenía pensado escribir, algo hermoso, pero a veces las cosas no salen como uno quieren.
Mientras tanto, me conformo, con hacer pompas de jabón y soñar vivir atrapados dentro de ellas, hasta que las cosas sean como han de ser.
Que no existen mundos paralelos, pero sí existen vidas paralelas, cuantas gilipolleces más hay que hacer, para que confies en mí.
Te invito a desaparecer un ratito del mundo...

lunes, 10 de mayo de 2010

A don Ventura, un ejemplo de santidad

Cuenta el poeta dramaturgo alemán Bertolt Brecht, que los hombres que luchan toda la vida, son los imprescindibles. Permitánme hoy, que en este minucioso espacio polar, les hable de un Hombre, de esos que hay pocos en la vida, y de esos que al recordarlos, una sonrisa complice inunda nuestra expresión. ÉL, es un hombre grande, desgastado por el tiempo, pero lleno de vida en sus palabras, sabio en sus movimientos, y afable en su cercanía. Les hablo de una persona sencilla en su caminar, humilde en su mirada, y sútil en el trato con los demás. Pretende cuidar los detalles mas insignificantes, para ganarse el corazón de todo lo que le rodea, es un ejemplo de vida desapercibida, un hombre eficaz en su anónimato. Se basta de su parroquia, de sus pájaros, de sus paseos. Llama a las personas por su nombre, y las acaricia con su desnuda esencia modesta. Su paso es lento, saboreando cada pisada, como si fuera la última, apreciando el valor de la vida que se le ha otorgado, una vida, dedicada a los demás, y a todo aquél que busque en él una palabra alentadora, un ejemplo de vida serana y paciente, una huella timida, que no pretende tapar, sino hacer brillar, en este mundo ardoroso, hasta el mas minucioso detalle, con su sencillez salesiana.

jueves, 15 de abril de 2010

De cada día.

“Corría la tarde tranquila, y el susurro del abismo infiel, intimidaba suavemente los rayos de sol que perecían cual gaviota sobre el paisaje oceánico.

El mundo se alejaba de su luz ancestral, del faro eterno, del ritmo atroz humano, que golpeaba cualquier esencia de quietud.

A lo lejos un interminable murmullo de recuerdos, apresados en la memoria débil del tiempo, proclaman con voz tenue el lamento en su lucha incesante contra las muros de la libertad.

Las cadenas hacían preso a mis sueños, y el engranaje de su lucha, se debilitaba hasta que sin saber muy bien como y porqué, el gris celaje penetró en el firmamento y una caricia sutil desgarró la opresión.

Desde entonces viven libres en este mundo cruel que se opone a su libertad.”

domingo, 4 de abril de 2010

Caminar


Entre jirones de papel, pretendo sucumbir una parte de mí, intentar liberarme del tedioso mundo en el que hoy me encuentro atrapado, despojarme, del preludio intrépido que acontece inmóvil en este lado del camino.
Quiero volar, respirar, sentir fuertemente el dulce aroma de tu piel sobre la mia, desnudar el viento, besar los trigales lentamente, y no dejar de ser nunca, una maravilla más del universo.
Hoy, deseo resucitar de nuevo, susurrar entre parajes perdidos, que la cima está cerca, que sólo hay que cruzar el puente, que existes en ese otro mundo no tan lejano, hacia el cual camino debilmente, pretendiendo desnudar una parte de ti, para poder escribir, en retales de sueños dormidos, que pronto nos veremos.
Solo has de caminar.

lunes, 1 de marzo de 2010

Viajar

Quizás sea el momento de ser cómplices, de viajar, de regalar, de trasportar miradas, susurros, caricias incluso, como quien da la vida en ello. Se que pronto los sentirás cerca, porque en la lejaníade tu corazón, solo la luna acaricia mis versos, solo la penumbra abraza tu recuerdo, solo el tiempo me hace esperar, y es que, somos dueños de algo mayor, estamos a la espera de la gran osadía de la vida, del asfalto provocador, del ritmo frenético golpeando sutilmente, con su aroma a púrpura, nuestro rostro.

Vivimos presionados por la emoción, alimentándonos del mañana que pronto vendrá. Mientras tanto, quiero estar contigo de alguna forma, no solo mirando al cielo estrellado y ver tu reflejo en él. Quiero estar sobre tu mesa de noche, sentir tu sueño cerca, esconderme en tu alcoba sigilosamente y ser testigo fiel de tu día a día. Llena tu alforja de suspiros, de oleadas emocionales, de eterna sabiduría... llena tu alforja de retazos de vida. Mi afán tumultuoso también tiene su propia razón de ser, y aunque de tus labios nazca una tímida sonrisa, justificando mi locura singular, sé, que como yo, en la lejanía de tu nido, y abandonada de tu propia infancia, leerás con paciencia alguna que otra vez los destellos de tu fe.

Porque las pequeñas e insignificantes cosas también llegan a su propio destino, si éste los espera.

Todo lo comprenderás a su debido tiempo.